Abandono y represión a quienes producen alimentos.

Día de la Alimentación

Asunción, 16 de octubre de 2019 (BASE-IS) Según señaló Jorge Méndez, representante de la Agencia de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) el 10,7% de la población pasa hambre en el país. El modelo de agronegocios que se impuso en el país ha dejado sólo el 1% del territorio nacional en manos de pequeños agricultores campesinos, quienes son los que producen alimentos diversificados y saludables, y que podrían ayudar a paliar esta situación.

“El hambre es un tema que se refleja en varios países de América latina y el Caribe, según los marcadores los niveles de sub alimentación alcanzan el 6.5% en la región, en América del Sur el 5,5% y lamentablemente en Paraguay llega al 10,7% superando el promedio de la región” explicó el representante de FAO en una entrevista con el canal estatal Paraguay TV. Esta cifra indica que cerca de 800 mil paraguayos no consumen suficientes alimentos diariamente; situación inaceptable en un país que tiene tierras fértiles para la producción de alimentos.

Sin embargo, el modelo de agronegocios choca directamente con el derecho a la alimentación y la soberanía alimentaria, según datos del informe Mapeando el Agronegocio, Paraguay destina sólo el 1% de su territorio a la Agricultura Familiar Campesina, principal productora de alimentos, son sólo 334.480 hectáreas cubiertas por cultivos diversos de consumo a nivel nacional. Mientras el agronegocio abarca 5.128.866 millones de hectáreas en todo el territorio nacional produciendo, principalmente, commodities para la exportación.

El avance del agronegocio, que en los últimos 15 años creció un 118%, confronta directamente con la posibilidad de continuar produciendo alimentos mediante la AFC, en el mismo periodo la pequeña producción campesina ocupó un 33% menos de tierras. Esta situación genera además un aumento de la dependencia alimentaria, según indica Víctor Imas, en Con la Soja al Cuello 2018, Paraguay importa más de 152 mil toneladas de productos alimenticios, como cítricos, frutas frescas, hortalizas y legumbres, que podrían ser producidos totalmente en el país si existiese una política de apoyo a la Agricultura Familiar Campesina.

El Estado paraguayo, capturado por poderosos sectores de la economía, entre ellos los gremios del agronegocio, abandona a su suerte al campesinado afectando el derecho a la alimentación de miles de paraguayos y paraguayas y ante las protestas y descontentos que esto genera responde con represión, como ocurriera recientemente la movilización de “tomateros” en Coronel Oviedo, que exigían el acceso a mercados y precios justos para sus productos, donde además de ser fuertemente reprimidos por la policía del novel Ministro del interior, Euclides Acevedo, más de 20 pequeños productores fueron encarcelados y judicializados por el Ministerio Público.

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