Movilizaciones ponen en la mira al modelo de agronegocios

Hoy inicia la vigésimo sexta marcha del campesinado pobre, organizada por la Federación Nacional Campesina (FNC), la movilización inicia en las regiones y concluirá con una marcha sobre Asunción el próximo jueves 21 del corriente; en estos días también se movilizarán pobladores de asentamientos urbanos que rechazan los desalojos y buscan la regularización de sus territorios, finalmente el próximo 26 de marzo inicia una nueva movilización de la Coordinadora Nacional Intersectorial (CNI) que se extenderá por tiempo indefinido. Todas estas manifestaciones tienen en común que ponen en entredicho el mentado “éxito” del modelo de agronegocios.

La FNC, en su movilización tradicional, levanta la consigna de “Tierra y Producción para el Desarrollo Nacional” dejando en claro que a la histórica concentración de tierras en pocas manos se suman las consecuencias del modelo agroexportador que afectan directamente al campesinado. “Los grandes sojeros y agroexportadores tienen todo el apoyo del gobierno, tienen todos los derechos, mientras el campesino que produce alimentos está totalmente abandonado por el Estado” habían señalado los dirigentes de la Federación durante el lanzamiento de la marcha campesina.

Las escenas de extrema violencia vistas en desalojos forzosos de asentamientos urbanos semanas atrás, dejaron en evidencia un drama social que se siente en los cinturones de pobreza que rodean a las principales ciudades del país. Miles de familias campesinas expulsadas de sus territorios, desplazadas por el “éxito” del modelo de agronegocios que cada vez acapara más territorio, se vieron forzados a migrar a las ciudades ocupando territorios sin que exista ninguna política estatal para garantizar acceso a vivienda y servicios básicos para esas personas; según datos de un estudio publicado en el año 2013, en una década -2002 al 2012- unas 900.000 personas abandonaron el campo para instalarse en zonas urbanas, específicamente en asentamientos ubicados principalmente en el departamento central donde más del 30% de las familias se encuentran en situación de pobreza extrema.

“El modelo de agronegocios, en su lógica expansiva, avanzó hacia territorios indígenas y campesinos, expulsando a miles de personas y dejando sin posibilidad de sostenerse a las familias rurales que históricamente se dedicaron a la agricultura familiar campesina” señala el abogado e investigador Abel Areco, especialista en la temática rural. Según indica, “las movilizaciones sociales y principalmente del campesinado dejan ver el rostro más oscuro del modelo agroexportador, que muchas veces permanece oculto bajo el supuesto éxito de la macroeconomía”, miles de personas excluidas, campesinos sin tierras y otros que no tienen forma de sostener su producción, mientras aumenta la exportación de soja y maíz transgénico, cada vez menos territorio se dedica a la producción de alimentos para el consumo nacional.

“Hoy se vive una confrontación directa de los dos modelos que disputan por tierra y por el modelo de producción, en los últimos años la conflictividad rural se basó en estas dos variantes, aunque disminuyen las ocupaciones de latifundios improductivos, que casi ya no existen, aumentan los conflictos por la resistencia a la sojización en las comunidades campesinas o por la recuperación de colonias campesinas que fueron tomadas por el agronegocio” comenta Areco respecto a una investigación sobre conflictividad rural, próxima a presentarse.

La Coordinadora Nacional Intersectorial (CNI) realizará su tercera experiencia, exigiendo el subsidio para los pequeños productores, golpeados por una crisis extendida en el campo, que terminó con un sobre endeudamiento y un abandono por parte del Estado a una gran parte de los agricultores, al respecto Areco señala que “no hay políticas nuevas de este gobierno para atender esa realidad, se sigue apostando a la mecanización del territorio campesino, a las asistencias y parche, sin una solución integral a la problemática del campesinado”.

Las movilizaciones traerán, una vez más, a la capital los reclamos de campesinos y campesinas, con ellos vendrá también la resistencia a un modelo excluyente y la certeza de que existe otra forma de producir que permite el bienestar y el desarrollo de forma sustentable.

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