Crónica de un retorno anunciado

Asunción, 13 de octubre 2020 (BASE-IS) La vieja estación del Ferrocarril ubicada en el centro de Asunción fue el punto de llegada del contingente de campesinos que se congrega en Asunción, impedidos de ingresar a la Plaza Uruguaya, se acomodan como pueden en las calles que rodean a la estación de antaño, con sus carpas, leñas y productos de la agricultura campesina llegan preparados para resistir.

Cada año la capital recibe a los pequeños productores con la hostilidad de los sectores políticos que representan a las élites gobernantes, pero también con la solidaridad de cientos que aún admiran el pasado rural de muchas familias que se vieron forzadas a migrar a causa del avance del agronegocio en el campo paraguayo.

Esta vez la movilización está convocada por la Coordinadora Nacional Intersectorial (CNI) y la Articulación Campesina Indígena y Popular (ACIP), que se movilizan en la capital y en varios distritos del país, sus reclamos son históricos: el acceso a la tierra y apoyo a la producción campesina. Por eso en la primera jornada de movilización llegaron a la sede del Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (INDERT) dónde exigieron que el ente cumpla su rol de garantizar el derecho a la tierra para los campesinos paraguayos, como signo de la época la institución estaba cerrada y con fuerte custodia policial.

El debate instalado respecto a la recuperación de tierras malhabidas es también un punto central de la movilización, los dirigentes recuerdan que son más de 7 millones de hectáreas de tierras que fueron entregadas irregularmente a personeros del régimen de Stroessner y a agroempresarios que no son sujetos de la Reforma Agraria, muchos de esos territorios hoy son parte del 94% del territorio agrícola paraguayo que se destina al agronegocio y que acorrala a la agricultura campesina en apenas un poco más de 300 mil hectáreas.

La recuperación de las tierras malhabidas es un elemento fundamental para garantizar el derecho a la tierra, frenar la expulsión masiva de los pequeños productores rurales y permitir un arraigo que garantice la ampliación del territorio campesino y la producción de alimentos avanzando hacia la soberanía alimentaria en un país que importa más de 150 mil kilos de alimentos por año, mientras exporta cerca de 9 millones de toneladas de transgénicos anualmente.

Si bien la dura crisis vivida a causa de la pandemia de coronavirus se ha sentido con menos rigor en el campo, la crisis alimentaria se ha agudizado en la ciudad, es así que gran parte de la población depende de las ollas populares para su alimentación y claramente la producción campesina y las redes campo-ciudad son un elemento clave para proteger el derecho a la alimentación. Sin embargo la falta de asistencia a la producción campesina, que data ya de largos años de abandono por sucesivos gobiernos, sumada a los embates de la crisis climática, como la durísima sequía que atraviesa el país en estos momentos, representan una amenaza constante para los pequeños productores.

Ante esto las organizaciones reclaman la aplicación de políticas públicas de apoyo y promoción de la agricultura campesina, la condonación de las deudas del campesinado es también un punto crucial para que productoras y productores campesinos puedan reactivar la producción y seguir abasteciendo al país con alimentos.

Las carpas están listas, las ollas de mandioca y algún guiso también, la movilización por tiempo indefinido al parecer se extenderá por varias jornadas ante la indiferencia gubernamental que, hasta el momento, sólo respondió con la amenaza de imputación a los dirigentes campesinos por parte del Ministerio Público.

foto: RTV

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