¿De la “Soja Maradona” al “Trigo Messi”?

Asunción 30 de mayo 2022 (BASE-IS) La segunda mitad de la década del 90 marcó el inicio de la “trasgenización” del agronegocio en el Cono Sur de Sudamérica, la primera semilla de Soja Transgénica era aprobada en Argentina y a partir de allí se instalaría en toda la región con las graves consecuencias que se evidencian tras casi tres décadas de vigencia del modelo. La historia se repite con la aprobación del Trigo HB4, el primer trigo transgénico, que podría extenderse por los países de la región afectando poniendo en riesgo la salud y la vida de las poblaciones.

El 23 de marzo de 1996, y tras sólo 81 días de evaluación, fue aprobada en la Argentina la primera semilla de Soja transgénica, la Soja Roundup Ready de Monsanto. Según relata el libro Atlas del Agronegocio Transgénico “fue autorizada en base a estudios de la empresa Monsanto, en tiempo récord y sin siquiera traducir los dictámenes de la compañía. Gobernaba el país Carlos Menem y comenzaba un cambio rotundo del agro en el Cono Sur”.

El material agrega que la soja fue modificada en sus genes para resistir el herbicida glifosato, “el químico mataba todas las plantas consideradas malezas por la publicidad del producto, y solo dejaba en pie a la soja”.

El modelo transgénico llegaría a Paraguay solo algunos años después y de forma ilegal, el ingreso de contrabando, o en las llamadas “bolsas blancas”, de la SojaRR de Monsanto se expandió rápidamente y para el año 2004 ya había más de un millón de hectáreas de soja transgénica cultivada en Paraguay a pesar de que la misma estaba prohibida por un decreto presidencial. Así la Soja de Monsanto fue conocida en Paraguay como “Soja Maradona”, debido a su capacidad para eludir los controles y defensas, aunque vale mencionar que tales controles no fueron muy arduos por parte de las autoridades del momento.

En el año 2004 el gobierno paraguayo, encabezado por Nicanor Duarte Frutos, decidió formalizar la presencia del cultivo transgénico y liberó la siembre y comercialización de la Soja RR, que a esa altura avanzaba rápidamente sobre los territorios campesinos, indígenas y sobre los bosques de la Región Oriental. El Atlas del Agronegocio en Paraguay señala que para ese momento la Soja RR ocupaba más de 200 mil nuevas hectáreas de tierras cada año.

Desde el 2004 al 2012, la Soja RR fue el único evento transgénico aprobado para su siembra y comercialización en Paraguay, sin embargo, tras el Golpe Parlamentario contra Fernando Lugo, y bajo la presidencia de Federico Franco, Horacio Cartes y Abdo Benítez se aprobaron 40 eventos transgénicos de soja, maíz y algodón.

Según Global Forest Watch Paraguay perdió entre el 2001 y el 2021 más de seis millones y medio de hectáreas de bosques, según el mismo medio el 93% de estas perdidas estuvo asociada al cultivo de materias primas, es decir a la extensión de la frontera agrícola. Los efectos del modelo iniciado por la “Soja Maradona” se traducen en daños ambientales, afectaciones a la salud a causadas por los agrotóxicos, problemas sociales como la expulsión campesina e indígena, la falta de tierras para más de 300 mil familias campesinas, la concentración de más del 85% de las tierras cultivables en manos de menos del 2% de los propietarios, entre otras graves consecuencias.

La aprobación del primer trigo transgénico, nuevamente en Argentina, representa un grave riesgo para el país ya que no existen controles adecuados para evitar el ingreso de las semillas transgénicas.

Según la investigadora Leticia Arrúa con la presencia del trigo transgénico existirá “una polinización cruzada entre esporas provenientes del trigo transgénico hacia los cultivos limpios que estén cerca. Esto llevaría a una situación de irreversibilidad del paso al trigo transgénico. Es imposible la coexistencia del cultivo de trigo transgénico y no transgénico, por lo que los productores se verían impulsados a cultivar casi exclusivamente el trigo transgénico, es lo mismo que ya ocurrió con la soja, el maíz, los transgénicos en general”.

Con el trigo hb4 ingresará también el Glufosinato de Amonio, un peligroso agrotóxico, 15% más tóxico que el Glifosato, y que forma parte del paquete tecnológico utilizado para el cultivo del trigo mencionado. Además de en los campos este agrotóxico estará presente directamente en las mesas de los consumidores, ya que el trigo es una base fundamental de la alimentación diaria.

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