Entre la guerra silenciosa y la resistencia del campesinado en la lucha por la tierra

Tú no pediste la guerra,
madre tierra, yo lo sé.
Dice mi padre que un solo traidor
puede con mil valientes;
él siente que el pueblo en su inmenso dolor
hoy se niega a beber en la fuente
clara del honor.
Tú no pediste la guerra,
madre tierra, yo lo sé.

Adagio en mi país. Alfredo Zitarrosa.

Despúes de cada visita a comunidades campesinas los sentimientos que emergen son de consternación, rabia y dolor al constatar la guerra silenciosa que arrasa con el campesinado y los pueblos originarios, a quienes por derecho propio pertenecen las tierras.

Llegar hasta los Departamentos de Canindeyu, Itapúa, Alto Paraná significa adentrarse en la realidad de los enclaves sojeros en Paraguay, ya que en el recorrido por cualquiera de las rutas Nº 1, 2 ó 7 se contempla cómo el agronegocio va sitiando nuestro país. A ambos lados de cualquiera de las rutas los sojales van cubriendo nuestro territorio. Además del vasto territorio sojero las imponentes siluetas de los silos se destacan a ambos lados de las rutas, con los nombres de conocidas multinacionales: Bunge, ADM, Cargill, Dreyfus.

El verde monocorde de la soja esconde lo que todavía para muchas personas de nuestra sociedad es una realidad desconocida; las millones de hectáreas y toneladas de soja que asfixian al campesinado. El agronegocio avanza y genera la desaparición de varias comunidades, así como de mujeres, hombres, niñas, niños que son expulsadas hacia fuera del borde de la sociedad.

En cada visita es un hecho que en cualquiera de los caminos que nos lleva hacia las últimas comunidades que resisten en esos Departamentos nos crucemos con camiones de mudanza donde se apilan muebles viejos, animales, algunas maquinarias, y sentadas arriba de los objetos a integrantes de una familia campesina. Son los expulsados sociales y económicos que van en la búsqueda de algún lugar donde guarecerse, dejando atrás no sólo la tierra sino una forma de vida.

Convivir solo unos pocos días con las familias campesinas de comunidades como San Juan en Puente Kyha en Canindeyú, Chino cué en Alto Paraná o Palmital en Itapúa es suficiente para sentir como los intereses del capital violentan permanentemente a través del avance de los cultivos y las fumigaciones cotidianas. Niñas, niños, mujeres, hombres jóvenes y adultas se exponen a las graves consecuencias del uso y abuso de agrotóxicos de quienes anteponen la acumulación. El gran capital asola con las tierras del Paraguay y se apropia de la vida de las personas anteponiendo sus intereses sin importar que en aras de la acumulación económica el campesinado va desapareciendo.

La mayoría de las tierras son producto de apropiaciones indebidas de parte de personas brasileras, que junto a la complicidad de integrantes del Ministerio Público y del Poder Judicial hacen caso omiso a las permanentes denuncias sobre violaciones de los derechos humanos. Organizaciones como la FNC en San Juan – Puente Kyha luchan desde hace más de 3 años por la recuperación de tierras malhabidas en esta Comunidad y relatan que los avances son ínfimos. En San Juan varias familias permanecen en carpas desde hace más de 3 años y pasaron por diversas represiones.

Las fumigaciones son constantes, los sojeros no respetan la implementación de barreras vivas o franjas de protección. A pesar de que la organización realizó varias denuncias ante diversas instancias, en el mes de mayo durante la última visita realizada a la Comunidad de San Juan, a menos de 50 metros de la Escuela San Antonio de Padua Nº 4302 un tractor se encontraba fumigando mientras niñas, niños y adolescentes daban clases. Profesoras y profesores de la citada institución pública confirman que las fumigaciones son permanentes y que en el día anterior una avioneta realizó fumigaciones aéreas. El uso de agrotóxicos contamina los recursos naturales y afecta gravemente la salud de las personas.

Si bien es cierto que en los últimos años instancias gubernamentales como el SENAVE realizaron intervenciones para frenar la contaminación y fumigación constante y autoridades del MEC constataron las denuncias en una visita realizada en el año 2011, la situación no se modificó.

El avance del enclave sojero, así como el uso indiscriminado de agrotóxicos, nos confronta con los intereses dominantes que exige del Gobierno actual medidas coyunturales que garanticen los derechos de la población campesina. Y además señales más concretas de parte del Gobierno actual de la implementación de una reforma agraria integral y que las tierras malhabidas sean recuperadas.

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