Hacia la Soberanía Alimentaria de los pueblos

La Soberanía Alimentaria como alternativa a la crisis del modelo capitalista actual fue uno de los ejes temáticos del IV Foro Social de las Américas. Organizaciones de la región reflexionaron en torno a la problemática, compartieron diversas experiencias de resistencia y formas alternativas de organización, y elaboraron una agenda de lucha común en torno a los principales desafíos para la realización del derecho de los pueblos a una producción segura, saludable y sustentable.

En el año 1996 la FAO estimaba que más de ochocientos millones de personas en el mundo pasaban hambre. La Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria realizada en Roma el mismo año, elaboró un Plan de Acción tendiente a disminuir esta cifra a la mitad para el 2015. El objetivo del Plan era garantizar el derecho a la alimentación, es decir que las personas puedan tener en todo momento acceso físico y económico a alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias. Hoy, a casi 15 años de la Cumbre, las cifras lejos de disminuir aumentaron. La FAO estimaba que en el 2009, mil doscientos millones de personas pasaban hambre o estaban malnutridas en el mundo.

Ante esta situación, desde la Vía Campesina y otras organizaciones sociales se ha planteado la soberanía alimentaria como alternativa de fondo al problema del hambre. Este concepto amplía el alcance de la seguridad alimentaria e impulsa el derecho de cada pueblo a definir sus propias políticas y estrategias sustentables de producción, distribución y consumo de los alimentos que garanticen una alimentación sana, con base en la pequeña y mediana producción, respetando sus propias culturas y la diversidad de los modos campesinos, pesqueros e indígenas de producción agropecuaria, comercialización y gestión de recursos.

Problemática actual
En el sistema capitalista actual basado en el modelo económico extractivista- agroexportador de granos genéticamente modificados, la política agraria de los diferentes países del continente la define la Organización Mundial de Comercio (OMC) en función a las ganancias y lucro de las transnacionales.

El agronegocio ha desplazado a la agricultura familiar orientada a la producción de alimentos sanos y nutritivos para autoconsumo y el mercado interno, y en su lugar ha impulsado la producción de organismos genéticamente modificados (OGM) para biocombustibles y alimentación de animales del mercado externo, principalmente de China y la Unión Europea.
Se dejaron de producir alimentos para el mercado interno y en su lugar, un oligopolio de empresas transnacionales que controla los recursos productivos (tierra, agua y semillas) de los países de la región, genera millonarias ganancias a costa de la expulsión y empobrecimiento de la población campesina e indígena, pérdida de fuentes de trabajo, intoxicación y problemas graves de salud de la población expuesta a agroquímicos, pérdida de biodiversidad y fertilidad del suelo, erosión, desertificación, destrucción del tejido social de la población rural, contaminación ambiental y el consecuente cambio climático.
El alimento y los recursos naturales fueron convertidos en mercancía por las transnacionales que controlan la cadena de producción, distribución y consumo. Como la población rural ha sido obligada a migrar a las ciudades y, como consecuencia a dejar de producir alimentos, los elevados precios de los alimentos importados obligan a un gran porcentaje de la población a consumir alimentos insuficientes, además de ser culturalmente inadecuados, haciendo que en un mundo donde se producen alimentos suficientes, el hambre siga aumentando exponencialmente.

Experiencias alternativas en la región
Ante esta acuciante situación, organizaciones sociales y populares así como comunidades enteras se han organizado para hacer frente a la problemática y llevar a la práctica alternativas que hagan frente a este modelo depredador y extractivista.

– Fortalecimiento de la producción agroecológica: en Venezuela, Brasil y Paraguay se creó el Instituto Agroecológico Latinoemericano (IALA), orientado a la formación en producción agroecológica, de técnicos jóvenes de diversas organizaciones campesinas, indígenas y afrodescendientes

– Recuperación de semillas nativas y criollas: en Paraguay la organización CONAMURI impulsa el proyecto “Semilla róga” orientado a la recuperación, conservación e intercambio de semillas nativas y criollas. Se inspira en los bancos de semillas colectivos y se plantea como una alternativa frente al avance de las semillas transgénicas y la consecuente pérdida de la biodiversidad.

– Costa Rica: municipios ecológicos y libres de transgénicos: entre los años 2008 y 2009 siete municipios de Costa Rica se han declarado “ecológicos y libres de transgénicos” valiéndose de la autonomía nacional de la que gozan constitucionalmente. El proceso fue impulsado desde las bases y la reglamentación de la declaración fue producto de talleres en los que participaron distintos sectores de la sociedad civil y representantes del gobierno.

Agenda de lucha común
Además de reflexionar sobre la problemática de la soberanía alimentaria a nivel regional, el Foro ha permitido a las organizaciones presentes elaborar una agenda de lucha común por la recuperación de la Soberanía Alimentaria, en base a los siguientes ejes*:

Tierra y territorio:
– Luchar por la reforma agraria integral con una participación activa de las mujeres en el proceso de reforma y acceso a la tierra.
– Reivindicar el derecho de los pueblos a la planificación democrática del territorio. Se plantea que cada pueblo pueda definir un porcentaje mínimo orientado al lucro o agronegocio y la reivindicación de un porcentaje amplio para el desarrollo de la producción orientada al mejor vivir.
– Realizar acciones directas de ocupación como medio de presión y recuperación del territorio ante la gestión ineficaz del Estado en el avance de la reforma agraria.
– Impulsar la creación de tribunales agrarios que se encarguen de manera exclusiva del ámbito rural. Ya no más procesos judiciales que se diriman en el esfera civil y penal.

Fortalecimiento de las organizaciones campesinas e indígenas y formas de producción saludables y sustentables:
– Fomentar la agroecología y la creación de institutos que recuperen y desarrollen los conocimientos de los pueblos indígenas y las comunidades campesinas. Se plantea la producción agroecológica como respuesta a la crisis energética. El agronegocio utiliza mucha energía acumulada de recursos no renovables, mientras que en la agroecología la transformación de la energía calorífica en energía química es más eficiente y sustentable.
– Fortalecer la articulación entre organizaciones campesinas e indígenas por medio de agendas de lucha con puntos comunes.
– Impulsar el desarrollo y adaptación de tecnología apropiada para la producción familiar, orientada al mejoramiento de la calidad de los productos agropecuarios y de la capacidad de realizar el procesamiento y la industrialización de alimentos dentro de las comunidades.

Articulación rural-urbana:
– Fortalecer las relaciones entre organizaciones campesinas e indígenas con organizaciones urbanas, tendientes a la creación de una agenda de lucha común.
– Fomentar entre los consumidores la importancia de la buena nutrición y del consumo de alimentos saludables y nutritivos, como forma de avanzar en la comprensión de que la soberanía alimentaria compete y afecta de forma directa a todas las personas, tanto del sector rural como urbano.
– Realizar ferias de productores como forma de acercamiento entre el productor y el consumidor. Hacer que los consumidores conozcan a los productores y se puedan interiorizar sobre su problemática para comprender la importancia de apoyar este tipo de producción.
– Formar equipos jurídicos, de derechos humanos y universitarios que puedan aportar y apoyar la lucha campesina e indígena.

Estado
– Cuestionar la estructura del Estado actualmente compuesto intencionalmente por instituciones con competencias dispersas y difusas.
– Presionar la creación de nuevas instituciones que respondan a la promoción y ejecución de una reforma agraria, a la formulación de políticas productivas de industrialización, comercialización y consumo en función al bienestar de las mayorías sociales.
– Exigir la promoción de la producción campesina e indígena a través de subsidios para los pequeños y medianos productores, y la compra de sus productos para los diversos programas sociales del Estado.
– Presionar para que se elaboren leyes de protección a semillas nativas y criollas.

DESAFÍO
Formación de un movimiento nacional que integre todas las dimensiones de la lucha por el derecho de cada pueblo a decidir lo que va a producir, cómo se van a distribuir los productos y qué quiere consumir, para la creación de un nuevo modelo de vida sustentable para todos y para todas.

* Esta agenda salió como resultado de la mesa de diálogo sobre Soberanía Alimentaria en la región: situación y desafíos, organizada por BASE IS y CSER, en el marco del Foro.

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