“La maquila propuso EE.UU. para solucionar problemas de expulsión del campesinado mexicano”

 La economista mexicana Josefina Morales, de visita por Paraguay, habló de los procesos económicos y políticos del neoliberalismo y la industrias de la maquila en México. Éste último, uno de los ejes del gobierno de Horacio Cartes en Paraguay.

 

 

Asunción, 16 de abril (BASE IS). El lunes 13 y  martes 14 de abril últimos alrededor de 500 estudiantes, docentes, activistas sociales y público en general participaron del seminario «Neoliberalismo en América Latina. Crisis, tendencias y alternativas”.

El mismo se desarrolló en la capital paraguaya, en el auditorio de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción, a través de 18 exposiciones de analistas locales y de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay.

Una de ellas estuvo a cargo de Josefina Morales, referente del análisis crítico de los procesos económicos en México e instancias regionales de investigación sobre el tema.

Luego de su análisis sobe el Tratado de Libre Comercio entre México y las potencias Estados Unidos y Canadá(1993), el papel de la maquila en ese proceso y las privatizaciones, profundizamos con ella algunos de estos puntos.

El objetivo de la charla fue encontrar pistas en la experiencia mexicana que nos ayuden a entender los procesos económicos en un Paraguay con una ofensiva neoliberal fuerte y con la industria de la maquila como una de sus apuestas.

¿Estos procesos neoliberales qué hicieron con las poblaciones agrícolas en México?

El pacto del Tratado de Libre Comercio(TLC) sobre el campo es brutal, porque se acompaña de abandonar las políticas públicas y de desarrollo rural, de protección a los precios y la infraestructura agrícola. Al grado que el cínico que dirige la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que es un mexicano y que es donde ahora quiere entrar Paraguay, decía alarmado “Pero México ha desmantelado toda la regulación del sector alimentario, más que cualquier otro país de la OCDE”.

Con el maíz, por ejemplo, no es que México ha dejado de producir maíz, lo que no se produce es lo suficiente. Somos 120 millones de mexicanos, la demanda nacional crece. Algunos especialistas del campo dicen que el campesinado sí ha resistido y que está produciendo la producción alimenticia básica. Y que va más hacia la agroindustria. Yo no creo tanto eso.

Sin embargo, en el campo siguen reportando que hay 6 millones de trabajadores y que la población rural general es de 20 a 22 millones de personas.

Las actividades agropecuarias en su conjunto, de ser el 12% de la producción económica nacional en el año 1970 y el 7% en 1980 hoy es el 3 a 4%. Hay toda una distorsión de los precios.

Y lo otro que afecta al campo es la migración, la mayoría de la gente migrante es campesina, rural. Ha habido migraciones indígenas.

¿Qué papel tuvo la maquila en esos procesos económicos?

México, durante la Segunda Guerra Mundial, tuvo un acuerdo con Estados Unidos, que se llamó el acuerdo de Braceros, que era mandar campesinos a los campos estadounidenses durante la guerra, para garantizar el alimento nacional. Ese acuerdo se termina en 1965, entonces ya no habrá migración legal. Y para enfrentar el problema migratorio de la vuelta del campesino y también de la expulsión del campo mexicano, se propone el plan de la maquila.

Ella es un proceso de industrialización dependiente en las cadenas productivas de ciertos bienes y mercancías de las compañías transnacionales norteamericanas,  que van a ir desplazándose o re-localizando parte de su procesos del eslabón más débil, que es intensivo en fuerza de trabajo, porque los salarios van a ser muy bajos.

Entonces esto es el ensamble de partes electrónicas, el ensamble de partes de confección…llegan tela norteamericana, hilo norteamericano y aquí lo único que hacen es coser. Y eso es lo que se desarrolla en los años 70’s. Es crecimiento de una industrialización fronteriza, es una industrialización de zonas libres.

Entonces las características son que no paga impuestos, no paga iva, no paga el costo de la renta y tiene excepcionalidad laboral. Inicialmente los salarios son más bajos en todos los años 70 y 80 que el salario de la manufactura mexicana.

Y el 80% de la fuerza de trabajo obrero eran mujeres, es una nueva clase obrera, indefensa sin experiencia de asociación, aunque particularmente puede haber algunas con experiencia organizativa, como la de Coahuila. Pero la mayoría no está organizada y los derechos son precarios, hay una precarización muy grande.

Es una primera etapa hasta los años 80 donde llega a haber 600 establecimientos y 120 mil trabajadores. Entonces este desarrollo industrial responde, no a un desarrollo endógeno o interno, sino insertarte en el eslabón más débil.

La siguiente etapa, desde 1980 a 1993, es un desarrollo de la industria de autopartes, porque la industria norteamericana, frente a su crisis, re-localiza sus plantas industriales para su propio mercado interno. El saldo, 30 años después, es la crisis de Detroit.

Entonces van a empezar a establecer ya no solamente maquila de autopartes, que hace corrientes, electrónicas, asientos y por sobre todo aparatos electrónicos, sino también van a ensamblar y van a exportar. México es hoy el séptimo exportador de automóviles, ¿pero quién exporta? La General Motors, Nissan, Ford, Volkswagen…

Crece y se pone en primer lugar la de autopartes en 1993 y ya no está solo en la frontera, sino también al interior de las regiones fronterizas.

Con el Tratado de Libre Comercio (TLC) la maquila va a crecer exponencialmente, sobre todo entre 1993 y 2000. De 450 mil trabajadores pasa a 1 millón 200 mil; se duplica la cantidad de trabajadores y se multiplican los establecimientos. La maquila de confección vuelve a ocupar el primer lugar y se dispersa por todo el país.

La industria maquiladora es una industria fundamentalmente en que el 80% está en manos del capital extranjero. Es parte de ese eslabón, del capital transnacional. Solo en la confección, durante el auge del TLC, hay inversión regional y nacional.

Hay regiones, como Lagunas, donde había una tradición de producción algodonera y confecciones locales con marcas propias, que se echaron a la exportación y la tradición se echó a perder y se volvieron maquiladores. Tuvieron auge unos cuatro a cinco años y vino China y todo desaparece.

Hay una cantidad de gente que trabaja en estas industrias, por ejemplo en la automotriz trabajan 600 mil trabajadores, es una nueva clase obrera, para mí es muy importante rescatar la importancia del trabajo obrero de la maquila. Existe. Ahora ¿en qué condiciones? es otra cosa. La precarización de condiciones, los bajos salarios, la falta de sindicalización…

¿La pentración de la maquila se acompañó con un discurso?

Claro: “Somos exportadores manufactureros”. “Somos el quinto exportador de automóviles”. Hasta 2006 había una estadística muy importante de la industria maquiladora, separada. En los años 70, 80 la maquila aparecía en la balanza de servicios, no en la balanza de transformación. Porque se concebía como un servicio de ensamblaje, no era industria propiamente. Después ya aparece como exportación manufacturera. Hasta 2006 la maquila era la mitad de la exportación manufacturera.

La precarización laboral de la maquila no pasó inadvertida para el movimiento social mexicano…

No, pero se tomaba desde el poder como el nuevo modelo o cultura laboral. La maquila no está organizada, cuando mucho en estos años, de 1965 a 2015, si ha habido tres huelgas es mucho. Y victoriosa, una o dos.

¿En qué experiencias encontrar prácticas y formas de economías alternativas?

En cada proceso social y formación nacional existe y es importante. Están encontrando sus formas de resistencia, tiene sus formas de reproducción de vida desde generaciones. El movimiento indígena tiene esas formas de regeneración y sobrevivencia.

En el caso de México está la experiencia zapatista, tiene municipios autónomos, hay que conocerla, ver qué ha pasado ahí, que es muy importante. Tienes experiencias de autodefensa y procesos comunitarios. Tienes experiencias, muy pocas, de cooperativas sociales, como la Pascual. Cajas de ahorros populares, muchas orientadas por la iglesia.

Donde más tenemos para aprender es en la experiencia boliviana, creo que deben hacer un esfuerzo por conocerla de cómo están organizándose.


QUIÉN ES: Josefina Morales es doctora en Economía, participa del Grupo de Análisis de la Coyuntura Económica Mexicana(GACEM) y del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Autónoma de México (UNAM), además del Grupo de Trabajo de “Crisis de la Economía Mundial Capitalista. Determinantes, desafíos y salidas desde una versión crítica y alternativa en América Latina y el Caribe” del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales(CLACSO).

FOTO: La entrevistada exponiendo durante el seminario, junto con la paraguaya Lila Molinier(izq.), el mexicano Alejandro López y el paraguayo Camilo Gauto(der.).

 

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