La situación alimentaria en Colonia Yerutí

El 6 de enero pasado murió Rubén Portillo (26) de la colonia Yerutí, luego de registrar síntomas repentinos de intoxicación. Unos 22 vecinos y vecinas tuvieron el mismo cuadro y fueron internados. Todo apunta hacia los explotadores sojeros que rodean a la colonia. Se constató que las más cercanas a la casa del hoy difunto, cometían varias faltas graves: no tenían barrera de protección entre sus sojales y la comunidad, no tenían permiso ambiental y lavaban sus tanques de agroquímicos en el arroyo local. Y hay otro problema ahí: cuanto más se extiende la soja, cada vez quedan menos tierras para alimento. Está en peligro el derecho a la alimentación.

La falta de acceso a los mercados locales y los precios bajísimos que se pagan a los productores campesinos por sus productos significa una baja rentabilidad para la producción agraria para las familias de Yerutí. Como la soja no produce sino elimina fuentes de trabajo, son escasos los ingresos necesarios para pagar el costo de atención médica, la compra de ropa y alimentos básicos. Ante la falta de ingresos y créditos, inversiones en la finca para mejorar la producción alimentaria son imposibles. La pobreza crónica de las familias genera una expulsión de la población de la comunidad. Tentadas por los altos precios que ofrecen los sojeros por la tierra, las familias venden sus lotes y abandonan la comunidad, restando tierras y brazos a la producción alimentaria. Las familias que se quedan, ven a sus jóvenes alejarse de la comunidad para terminar su colegio o para buscar trabajo y aportar al ingreso familiar.

Los jóvenes y las jóvenes ausentes no pueden ayudar con las tareas de la chacra y la cocina, resultando en una menor producción de alimentos. Entre las tareas domésticas y la crianza de los niños menores, la mujer campesina en Yerutí lleva una sobrecarga de trabajo, que afecta la dieta de la familia, al limitar el tiempo que se dedica a la preparación de alimentos. La dieta de la familia sufre tanto en términos de cantidad como en calidad, ya que una chacra menos diversa, también significa una dieta menos variada y menos nutritiva. Hasta mantener una huerta básica se vuelve difícil sin un mínimo de recursos económicos. Sin plata para comprar una malla media sombra, la producción de hortalizas durante el verano es imposible.

A estas dificultades, se suman los efectos negativos de vivir en un ambiente envenenado por agrotóxicos. Se secan las frutas en los árboles, y los bichos comen los porotos. Chanchos y gallinas se enferman y mueren al tomar el agua contaminada de los pozos y los arroyos. Para familias que muchas veces no tienen ingresos suficientes para comprar carne, los animales domésticos representan una fuente importante de proteína.

Con una menor producción de alimentos en su propia finca, los campesinos de la comunidad pasan a depender cada vez más de la despensa para satisfacer sus necesidades. En vez de ser productores autónomos de alimentos, se vuelven consumidores afectados por las subas repentinas de los precios, en un mercado de alimentos controlado por intereses oligopólicos. En vez de disfrutar de la gran variedad de comidas ricas y nutritivas de la cocina campesina, la dieta se reduce a fideos, arroz, tortilla con mandioca y cocido.

Unas cuantas familias resisten estas tendencias mencionadas y mantienen una producción diversa y abundante. Lazos de solidaridad persisten en la comunidad, y los vecinos siguen compartiendo la mesa durante las fiestas. La generosidad de unas atenúa la adversidad general que afronta la comunidad, pero sin acciones concretas por parte del Estado—controles sobre la aplicación indiscrimidada de agrotóxicos, la satisfacción de los derechos a salud, educación y un ambiente sano, la provisión de asistencia técnica y acceso a mercados locales. Las familias de Yerutí, al igual que las demás familias del campo paraguayo, estarán siempre amenazadas por el hambre y la expulsión de sus comunidades.

*Boletín Soberanía Alimentaria y Vida Digna
FOTO: Pobladores de la Colonia Yerutí compartiendo la hora del almuerzo durante el Taller de Soberanía Alimentaria realizado por BASE-IS el 4 de febrero.

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