Las nuevas lecciones que emergen desde Grecia

La irracionalidad del sistema queda perfectamente clara hoy: masas de capital y trabajo inutilizadas, en el centro de un mundo pleno de necesidades insatisfechas ¿acaso esto no es una estupidez?
David Harvey

Así como ocurrió con la llamada crisis financiera que estalló en los EEUU en el 2008, sobre la actual crisis europea, donde Grecia ha sido la cara más visible, se ha dicho demasiado y se ha entendido muy poco. Es que el problema es de una complejidad y profundidad escalofriante, y los principales responsables de esta situación global tienen mucho que perder de aclararse las cosas.

Contexto Global
La situación de crisis crónica en la que se encuentra la economía mundial, a la que algunos llaman crisis civilizatoria, sistémica o estructural, se ha manifestado en los últimos meses con mayor fuerza en la periferia de la Unión Europea (Grecia, Irlanda, Portugal, España), países jaqueados por la combinación de sobreendeudamiento público con enormes déficits fiscales. Antes de esto, el epicentro de la conmoción económica se había localizado al otro lado del Atlántico, en los EEUU, con la quiebra de importantes instituciones financieras desde setiembre de 2008, que produjo una recesión general en casi todo el mundo durante el 2009. Aunque los voceros del establishment financiero se esfuercen en “demostrar” permanentemente que la crisis ya pasó, la misma está en pleno desarrollo, y la parada griega es solo un capítulo de la misma, al que seguirán otros, probablemente de mayor turbulencia económica e incluso con una más violenta reacción social.

Grecia
En el caso griego, todos los dedos acusadores apuntan a la irresponsabilidad de sus autoridades en los últimos años, al incrementar enormemente su gasto público financiado en gran medida con deudas, dadas las facilidades de que disponían para acceder a créditos por pertenecer a la zona euro. Es un hecho innegable que las finanzas públicas de Grecia se han vuelto inmanejables, con un endeudamiento equivalente al 124 % de su PIB, y un déficit fiscal de 13,6 %. Pero esta situación no puede ser imputada exclusivamente a los gobernantes griegos, pues algunos factores externos fueron determinantes.

En primer lugar, la crisis global desatada en el 2008 generó una situación recesiva general, cayendo en la mayoría de los países la producción, el empleo, las exportaciones, y lógicamente también, los ingresos tributarios de los Estados. Uno de los pilares de la economía griega, el turismo, disminuyó notablemente en este contexto. Adicionalmente, esta misma crisis causada por la voracidad especulativa de los actores financieros dominantes, obligó a que los Estados asumieran enormes deudas para rescatar a las empresas y bancos que estaban en situación de quiebra, con los conocidos megarescates realizados por los EEUU y los Bancos Centrales de Europa, entre ellos el del país helénico. Estos dos aspectos deterioraron enormemente las finanzas públicas de todos estos países. A esto se suma la irresponsabilidad de las calificadoras de riesgos, que han maquillado y distorsionado la realidad económica de un país para seguir con la colocación de créditos. El banco norteamericano Goldman Sachs tuvo un papel determinante en la manipulación de indicadores de la situación griega.

Un segundo factor externo ha sido el desempeño económico de Alemania, que en la última década no ha crecido significativamente, ha estancado los salarios y debilitado la demanda interna. Por tanto, ha sustentado su economía en la expansión permanente de sus exportaciones. Esta apuesta al superávit en el comercio internacional ha significado un flujo creciente de euros para la Banca alemana, pues más del 60 % de las exportaciones correspondían a países de la zona euro. Los inversores alemanes se encontraron con una enorme masa de euros que debían colocar. ¿La salida? Préstamos a otros países con problemas financieros, compra de deuda pública, y otras inversiones especulativas. Por tanto, gran parte de la deuda comprometida de Grecia es para con la Banca alemana, que ha facilitado su sobreendeudamiento. Como señala el catedrático español Vicenç Navarro, el megarescate aprobado por la UE y el FMI no es para Grecia, es para los Bancos alemanes y franceses, principales acreedores de la deuda griega.

La solución ¿para quién?
El ser miembro de la Eurozona le da a Grecia la ventaja de obtener créditos en euros en condiciones ventajosas, pero le amputa la posibilidad de emitir dinero al haber perdido su independencia monetaria, por lo que su única posibilidad de financiamiento es a través de aumentar su deuda. Para sacar a Grecia de la situación de quiebra, han aprobado un plan de rescate consistente en créditos por un valor de 159.000 millones de euros, a cambio de drásticos ajustes, que incluye recorte y congelamiento de salarios y pensiones, supresión de beneficios sociales como aguinaldos, aumento de la edad de jubilación, aumento del IVA hasta el 23 %, entre otras medidas que impactarán negativamente en el nivel de vida de la población.

Cabe preguntarse ante esto ¿es el remedio peor que la enfermedad? Sin dudas este paquete de recortes aumentará el nivel de pobreza, el desempleo, la conflictividad social y debilitará la demanda interna de bienes y servicios, por lo que la economía entrará en una espiral recesiva, que debilitará aún más en el futuro las ya insuficientes recaudaciones tributarias del Estado. El ajuste deteriorará la calidad de vida de los griegos, debilitará su economía y sus cuentas públicas, pero ¡¡Garantizará que Grecia siga pagando su deuda externa!!, y esto es lo único que realmente importa a los grandes poderes decisorios en la era neoliberal.

En España, el gobierno del PSOE también ha logrado aprobar un plan de reducción del gasto público, que incluye importantes recortes para la cooperación internacional. Planes similares se procesan en otros países de similar situación. Alemania ha anunciado que despedirá este año a 10.000 funcionarios públicos y reducirá el sueldo de los demás en 2,5 % entre otras medidas, pues “estamos en tiempos duros y difíciles”, como argumentó la Canciller Angela Merkel. El presente europeo cada vez se parece más a la América Latina de los 80 y 90, la de las deudas, los ajustes y la expansión de la pobreza y la precariedad. La ortodoxia neoliberal se está expandiendo por el viejo mundo, bajo la atenta mirada del FMI y la sonrisa de los especialistas en la timba y la especulación financiera.

La UE y los EEUU
Si la situación de Grecia fuese una excepción, se podría pensar que el fin de la crisis económica podría estar cerca. Pero más que excepción, es una regla: Grecia es el espejo donde hoy deben mirarse casi todos los países desarrollados, incluyendo a los poderosos líderes de la UE, los EEUU y Japón. El estallido financiero del 2008 y los posteriores rescates al sistema financiero con deuda pública, han llevado el nivel de endeudamiento y de déficit fiscal a niveles desconocidos en la historia del capitalismo.

Con un recorrido estadístico podemos hacernos una idea de la situación: según datos de la Comisión Europea, mientras que el endeudamiento público de Grecia en el 2010 alcanzará aproximadamente el 124 % del PIB, en toda la zona euro llegará al 84 %, en Inglaterra al 80 %, en los EEUU al 94 %, mientras que en Japón a un impresionante 198 %. Por el lado del déficit en los presupuestos públicos, Grecia ha llegado cerca de 14 %, Inglaterra está en 13 %, España con 12 %, EEUU en 10,6 %, mientras Alemania aún logra cierto control con un 3,3 %. Casi todos los países europeos han sobrepasado el límite establecido en el Tratado de Maastricht de un máximo de 3 % de déficit fiscal. Si se pudiera medir la temperatura de la economía mundial con un termómetro, nos indicaría que está sobrecalentada, casi al límite entre una situación de alarma y una de incendio generalizado. Cual será la próxima estación de la crisis está por verse, muchos apuntan a Irlanda, Portugal o España. Sin embargo, el prestigioso Laboratorio Europeo de Anticipación Política afirma que es Inglaterra el país que está al borde del colapso, pues a su comprometida situación fiscal suma el hecho de haberse autoexcluido, siguiendo su política de independencia del euro, del Mecanismo de Estabilización Financiera, creado recientemente por los miembros de la Eurozona, formado por un fondo de hasta 750.000 millones de euros destinado al auxilio de los Estados miembros que no puedan cumplir con los pagos de sus deudas.

Un arma incomparable: el dólar
Los EEUU está en una situación fiscal también complicada por su elevadísimo nivel de deudas, su creciente déficit fiscal, alimentado por los rescates financieros y las guerras en Iraq y Afganistán, y sus problemas de déficit comercial frente a los países emergentes, como China y Brasil. Pero los EEUU tiene una ventaja geopolítica y económica frente al resto del mundo: la maquinita de imprimir dólares, usando la expresión del Nobel Joseph Stiglitz. El dólar es sin duda la moneda hegemónica en el mundo, es la principal moneda de reserva, y los títulos emitidos por el Tesoro norteamericano siguen siendo considerados los activos más seguros para los inversionistas. Por ello el enorme endeudamiento de la primera potencia no lo pone en jaque como a otros países, pues enfrenta esa situación con la emisión de dólares que posteriormente se esparcen por todo el sistema económico mundial, diluyendo los riesgos inflacionarios en el territorio norteamericano. Esto ha llevado al economista estadounidense James Galbraith a sostener que el peligro que representa el déficit público es cero, y que el gobierno de los EEUU durante casi toda su historia ha incurrido en déficits y deudas para estimular el crecimiento de su economía. Con lo cual apuntala la tesis de que los recortes y el menor gasto público en Europa traerán mayor recesión y deterioro social.

El monopolio de la emisión de dólares es un instrumento de dominación y hegemonía a nivel global, sin el cual sería imposible entender el control que ejerce los EEUU de la economía mundial. El sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos afirma que el gran país del norte sería insostenible sin la prerrogativa del dólar. Incluso sostiene que la crisis griega fue precipitada por un ataque especulativo planificado desde Manhattan, cuyo objetivo fue, y con éxito, dar un fuerte golpe al euro en su intención de rivalizar con la divisa norteamericana. La actual neoliberalización de Europa se enmarca en lo que el analista Henry C. K. Liu denomina la hegemonía política del dólar, que exige a las naciones que participan en los mercados que se alineen a las reglas del Consenso de Washington.

Paraguay
Aparentemente el Paraguay está muy lejos de las convulsiones que se registran en el viejo continente, y su relación económica con países como Grecia es muy reducida. Pero a no tapar el sol con un dedo, no es Grecia el problema, sino que todo el sistema económico mundial se está dirigiendo a un escenario depresivo, que impulsará el desempleo y la precariedad en todo el mundo, y debilitará los flujos del comercio exterior y de inversiones en los países menos desarrollados. El país necesita de reformas estructurales para enfrentar los años venideros, que fortalezcan el mercado interno y superen el modelo exportador de materias primas, avanzando en la industrialización de las mismas, con un vigoroso papel del Estado en la promoción del desarrollo económico, y estableciendo regulaciones impositivas y monetarias al flujo de capitales en el país. Grecia ha sido históricamente lugar de origen de conocimientos que hoy son universales, hoy nuevamente la tierra de los padres de la filosofía occidental, en medio del cataclismo en que se encuentra, está mostrando lecciones que el mundo debe aprender.

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