MAG: Cinco años y tres ministros para el agronegocio

Planes del gobierno dejan grave crisis en el campo

Asunción, 14 de Noviembre de 2017 (BASE IS) Marcos Medina es el tercer Ministro de Agricultura y Ganadería durante el gobierno de Horacio Cartes, asume en reemplazo de Juan Carlos Baruja quien a su vez había llegado a la cartera tras la salida de Jorge Gattini. Más allá de los cambios de nombres, el gobierno garantizó la continuidad de sus planes que resultaron favorables al agronegocio en detrimento de la agricultura familiar dejando una grave crisis en el campo.

En un caluroso día de febrero de 2014 durante un encuentro con empresarios brasileños en el Palacio de López el Presidente Horacio Cartes realizó una declaración de principios respecto a lo que sería su gobierno, “usen y abusen del Paraguay” les dijo el flamante presidente, con apenas seis meses en el cargo, a los ilustres visitantes. A partir de allí las políticas del gobierno fueron claramente enfocadas a proteger y profundizar la presencia de los grandes capitales transnacionales. Las políticas públicas en el ámbito rural fueron en esa misma dirección, priorizando el avance del agronegocio y marginando cada vez más las ansias de una reforma agraria que favorezca al campesinado y promueva la agricultura familiar.

Así el gobierno se trazó la meta de convertirse en el cuarto exportador mundial de carne, más allá de que eso signifique deforestar cuatrocientas mil hectáreas de bosques al año, aumentando en un 20% el ritmo anual de deforestación que ya nos ha colocado en el sexto lugar entre los países que más deforestan a nivel mundial. En palabras del ex viceministro de Ganadería, hoy titular del MAG, Marcos Medina “la deforestación no es algo preocupante”. Vale mencionar que además del impacto ambiental que genera la ganadería, con este gobierno también se ha profundizado la extranjerización de este sector económico, cerca del 90% de los frigoríficos son de capital extranjero y más del 90% de la producción cárnica se destina a la exportación.

También se profundizó la presencia de los transgénicos en el campo. Desde su asunción el actual gobierno liberó 14 tipos de semillas genéticamente modificadas de soja, maíz y algodón, convirtiéndose en el gobierno que más transgénicos ha liberado, esto favoreció enormemente a las transnacionales. Pero no se quedaron allí;, explorando nuevos territorios, el agronegocio, mediante el cultivo extensivo de arroz, abarca nuevos territorios como los humedales del Ñeembucú, donde los commodities como la soja no habían llegado y pretende alcanzar un millón de hectáreas a nivel nacional con éste cultivo, poniendo en jaque importantes recursos hídricos y afectando comunidades con fumigaciones con agrotóxicos.

Justamente las fumigaciones son hoy un problema que se extiende en el campo, día a día llegan denuncias de comunidades que se levantan contra el cultivo de soja, alertados por los efectos que causarán los agrotóxicos en sus cuerpos y en el medioambiente, estas situaciones han significado un aumento de la violencia y la represión contra comunidades campesinas. Mientras en las aduanas del país el ingreso registrado de agrotóxicos sigue aumentando, solo en 2016 llegaron legalmente al país casi doscientos mil kilos más de veneno que el año anterior y en el año 2017 esta cifra seguramente habrá aumentado, a pesar de las reiteradas exigencias de la Organización de las Naciones Unidas respecto a la necesidad de frenar el uso indiscriminado de tóxicos agrícolas en el país.

Mientras el agronegocio avanza, dejando serias secuelas a su paso, las políticas del MAG para apoyar a la agricultura familiar han ido de fracaso en fracaso, la pobreza rural aumentoó solo en el 2016 en un 2% alcanzando a 39 de cada 100 pobladores del campo. La superficie de tierras destinadas a la agricultura campesina ha perdido, solo en lo que va de este gobierno, unas cien mil hectáreas, que fueron devoradas por el agronegocio.
El programa estrella del gobierno “Sembrando Oportunidades” ejecutado conjuntamente por el Ministerio de Agricultura y Ganadería y la Secretaría Técnica de Planificación, por un lado apuntó a una suerte de mecanización forzosa de pequeñas fincas campesinas, donde empresas privadas siembran soja o maíz prácticamente sin participación de las familias, y por el otro no pasó de ser un reparto paupérrimo de víveres y semillas, muchas de ellas en mal estado según denuncias de organizaciones de agricultores.

El sociólogo e investigador Quintín Riquelme, en conversación con Base Is, señaló que en el MAG existen otros tres programas de atención a la agricultura familiar, sin embargo éstos repiten la fórmula de reparto de insumos e implementos agrícolas con un escaso impacto en la población y prácticamente sin generar nuevos beneficiarios, ya que solo trabajan con antiguos comités de productores y no representan una solución de fondo a la problemática que enfrenta hoy la agricultura familiar campesina.

Sumado a esto, las propuestas de cultivos de renta presentadas por el Ministerio a los campesinos y campesinas terminaron en un estrepitoso fracaso, hundiendo en deudas a miles de pequeños agricultores y disparando protestas reiteradas desde el año 2015 hasta la actualidad. La construcción de viveros “con tecnología israelí” fue otra apuesta fallida del ente agrario, las heladas del pasado invierno dejaron en ridículo a dichas construcciones y se llevaron consigo otra parte importante de los cultivos de las huertas campesinas.

Mientras el Ministro Marcos Medina asegura que el 85% del presupuesto del MAG se destina a la atención de la agricultura campesina, a decir de Riquelme la realidad indica que “se nota una falta de presupuesto y de una política que oriente realmente qué se va a hacer con la agricultura familiar”. La baja ejecución presupuestaria por parte del ente durante el 2017 significó que en el presupuesto para el 2018 el MAG tenga un 30% menos de fondos, ésto afectará principalmente a las transferencias de insumos e implementos agrícolas que reciben los beneficiarios de los programas de apoyo a la agricultura familiar campesina; es decir se hará aún menos de lo que venía haciéndose en materia de asistencia a campesinos y campesinas.

“Ministro Agrotóxico”, bautizaron las organizaciones campesinas a Gattini, primer Ministro de Agricultura de la era Cartes; su sucesor, Baruja, recibió el sobrenombre de Ministro Pollito, haciendo referencia al reparto infructuoso de pollitos que realizaba el MAG a familias campesinas sin ofrecer verdaderas soluciones a sus problemas. Marcos Medina, el que seguramente será el último Ministro de Agricultura de este periodo presidencial, al parecer apunta a llevarse el mote de “Ministro Deforestación” ya que la población lo recuerda principalmente por sus declaraciones citadas más arriba respecto a la acelerada tala de bosques en el país. Con este ingenio y creatividad, cualidades que utilizan también para resistir en el campo, los campesinos y campesinas tratan de superar el tramo final de este trago amargo que han sido los cinco años del gobierno de Cartes para el sector.

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