OGM y pesticidas, los transgénicos no contaminan menos

Asunción, 7 de agosto de 2020 (BASE-IS) Parte del discurso de defensa de la comercialización de variedades de plantas genéticamente modificadas,  es la supuesta posibilidad de reducción de la aplicación de pesticidas en el campo, o la aplicación de principios activos menos tóxicos. Sin embargo, en Paraguay la importación de pesticidas ha aumentado junto con el avance de la frontera agrícola y los cultivos transgénicos.

En  el país están aprobados 40 eventos genéticamente modificados (OGM) de los rubros algodón, soja y maíz; estas semillas cuentan, principalmente, con las tecnologías, RR y/o Bt. En el caso del principal rubro, la soja, de  57 variedades de semillas  importadas en 2019, 56 fueron genéticamente modificadas, de las cuales  61% contenían la tecnología INTACTA y el 39% la tecnología RR.

Mientras que en el caso de la producción nacional de semillas de soja , 42,6% tienen la tecnología  INTACTA (Combinación de las tecnologías RR y Bt), 57,1% son RR y el 0,3% son otras tecnologías 

La tecnología Bt otorga a la planta la capacidad de producir toxinas que resultan letales para un cierto grupo de plagas.  Esta es eficiente solo contra un grupo restringido de orugas, la tecnología Bt, es inutil para el control de las chinches, actualmente las principales plagas del cultivo de soja,  y para una de las plagas más problemáticas del maíz, la oruga Spodoptera frugiperda. Lo que implica que para las plagas no cubiertas por el método de control se siguen aplicando pesticidas. 

Esto se evidencia de forma general en  los datos de importación  total de pesticidas  y en particular en el aumento de principios activos como el tiametoxam, insecticida necesario para el control de las chinches de la soja (tablas 1 y 2).

La tecnología RR proporciona a las plantas la capacidad de resistir la aplicación del herbicida Glifosato, lo que permite la aplicación masiva  de este químico para el manejo de malezas en los campos cultivados con plantas OGM,  lo que consecuentemente se traduce en un aumento de la importación y aplicación de este herbicida. Su aplicación desmedida también ha generado otros impactos, como la aparición de malezas  resistentes,  por lo que es necesario aplicar otros herbicidas para completar el control de las malezas como el mbu´y (conyza sp) o las tolerantes como el kapi´i pororo (Digitaria insularis), esto se traduce en el aumento de la importación de otros principios activos como el 2,4 D.

Tabla 1: IMPORTACIÓN DE PESTICIDAS

 

Año  Pesticidas
2018  54.455.237,60
2017  74.295.077,53
2016 52.065.171,34
2015 55.129.208,05
2014 106.551.361,62
2013 155.662.536,59
2012 72.742.371,91
2011 284.578,00

 

Tabla 2: EVOLUCIÓN DE LA IMPORTACIÓN DE LOS PRINCIPALES PESTICIDAS

 

PRINCIPIO ACTIVO 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018
GLIFOSATO 15.039.844  111.254.619  59.470.685  18.288.004  15.712.690  26.108.172  18.621.018
PARAQUAT  6.135.885 5.686.560  7.754.232  10.547.061  8.644.727  9.776.410  8.770.068
MANCOZEB  34.800  35.080  96.920  1.285.670  3.284.440  4.669.140  3.751.496
2.4D  1.065.519  1.325.495  1.976.355  2.119.506  1.946.254  2.197.425  2.337.118
PARAQUAT +

DIQUAT 

332.493  6.010.028  5.687.126  1.282.569  558.444  5.511.472  1.195.601
THIAMETOXAN  42.567  27.253.801  783.155  879.476  1.169.959  1.907.706  1.642.922
BENZOATO DE

EMAMECTINA 

46.800  154.984  148.000  549.022  753.525  879.260

Algunas metodologías de medición del impacto ambiental de los pesticidas, como el Equivalente de Impacto Ambiental, proporcionan una guía para la descripción del impacto generado por estos químicos, sin embargo, no se puede argumentar que la sustitución de unos productos por otros de menor valor de impacto, según este índice, signifique que las comunidades estén seguras en zonas de cultivo. 

Es negligente afirmar que el 2.4 D de EIQ alrededor de 20, es seguro frente a otros como el Diquat de EIQ 40, cuando ambos son aplicados de forma masiva sobre comunidades que deben coexistir con los cultivos. La cuestión de estas comparaciones es afirmar que se aplica algo aparentemente menos tóxico, pero nunca inocuo. La aplicación de estos productos sigue siendo perjudicial para la salud humana y los ecosistemas. 

Por otro lado, aunque resultase positiva, la relación entre los pesticidas y los OGM  no proporcionan una justificación suficiente para permitir el avance de este modelo extractivista que avanza  predominantemente a costa de la deforestación, la causa central de la mayoría de los problemas ambientales del país-

Si apuntamos realmente a lograr la sustentabilidad del manejo de recursos naturales para la alimentación humana y otros fines, no podemos quedarnos solo en la modificación de apenas un componente de un sistema de producción basado en la simplificación excesiva de los ecosistemas y la aplicación de grandes volúmenes de contaminantes para intentar sustituir los procesos ecosistémicos degradados. El objetivo de alcanzar la soberanía alimentaria requiere un enfoque que refleje la complejidad del medio ambiental y social en que se desarrolla la producción agropecuaria.

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