Violencia Juvenil, ¿será…?

Cuando la sociedad no tiene capacidad de canalizar las energías de las personas jóvenes en espacios socioculturales, en el acceso a empleos dignos, a una educación de calidad para la vida, entonces la opción mas fácil es hablar de jóvenes como promotores de la violencia, pero esto es simplemente un síntoma de cómo estamos hoy en Paraguay.

La gran materia pendiente del Estado es una adecuada articulación de políticas públicas de juventud, que puedan dar respuestas a las necesidades de las personas jóvenes, población mayoritaria del país. Sin embargo hasta la fecha se cuenta con una simple estructura, que no tiene capacidad técnica ni política, y ni hablar del ínfimo presupuesto.

Acaso no se dan cuenta que las personas jóvenes son el reflejo de que lo que pasa más al fondo, más abajo?. La violencia juvenil es tan solo la punta del iceberg, y quienes llevan el timón de este barco llamado Paraguay no han alcanzado a visualizar que si no se realizan maniobras que produzcan cambios reales, vamos a seguir rozando los témpanos hasta hundirnos.

Hay violencia cuando una madre pierde un hijo recién nacido por la mala atención prenatal o los maltratos sufridos durante el parto; cuando se sobrevive el día a día sin tener que comer; cuando hay que caminar kilómetros para llegar a una escuela en donde se dan clases bajo el árbol; cuando en el Congreso se trata el Presupuesto General de Gastos de la Nación, y se asigna mas dinero a las Fuerzas Armadas, olvidándose del Hospital de Clínicas; es dar o recibir coimas a fin de pagar menos impuestos; es detenerse en el semáforo y ver a menores de edad mendigar; todo lo anterior es la verdadera violencia estructural que ante nuestros ojos se ha vuelto normal, pero no lo es.

Existen diferencias, mas no rivalidad, entre las personas jóvenes que viven en el Interior y las Capitales, sea del país o de Departamentos, no hay mejores ni peores jóvenes; sí existe una diferencia en cuanto al acceso a servicios, mayores posibilidades de desarrollo, tanto a nivel personal como económico; pero en ningún caso ni quienes viven tierra adentro o en los “polos de desarrollo”, tienen problemas con la lengua para expresarse. Si no lo hacen, es porque no saben cómo, o en el peor de los casos, piensan que no vale la pena, pues nada va cambiar.

Es urgente terminar con la improvisación, es momento de dar real prioridad a la juventud y dejar de ver a este colectivo como un problema. No por ellos se deben cerrar locales nocturnos a tempranas horas, por el solo hecho que las personas adultas no han sabido ser modelos de vida ejemplares, o que los padres no tengan la suficiente altura moral para controlar a sus hijos, o porque las autoridades respectivas no aplican las leyes según las competencias que les correspondan; y en cualquiera de los casos, porque la sociedad es tan hipócrita que no asume haber sido, hasta ahora, incapaz de estimular la formación de personas íntegras y con altos valores humanos.

Por todo lo anterior, es vital promover una cultura de la participación juvenil por medio del asociacionismo, y buscar estrategias de integración social en los momentos de tiempo libre de las personas jóvenes, brindando de este modo, espacios válidos donde puedan canalizar sus energías de modo positivo. Realizar Políticas de Juventud en serio, solo implica voluntad para vincular esfuerzos existentes, no es necesario ser inventores para descubrir formulas ya conocidas.

Medidas “parches” como la restricción de horario en Asunción no ha solucionado, ni lo va hacer en el futuro, que las personas, sean de la edad que fueran, dejen de beber alcohol, y mucho menos, provoquen incidentes en lugares públicos o privados. Hoy tenemos a una persona herida, mañana podría ser un muerto. Hasta dónde hay que llegar, para frenar, reflexionar y actuar como sociedad, mirando todas las aristas del problema como un todo y no en compartimientos estancos?

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